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“in memoriam” Ricard Maria Carles i Gordo, arquebisbe emèrit de Barcelona

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=9_TKA1BAIUE[/youtube]Ha mort En Ricard Maria Carles i Gordó, Arquebisbe Emèrit de Barcelona. Soci fundador del Centre Excursionista Tavernes de la Valldigna i que també va ser Rector de la Parròquia de Sant Pere a la Ciutat de Tavernes de la Valldigna. Descanse en pau.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=G2W4bmoIdN0[/youtube][youtube]http://www.youtube.com/watch?v=lrq07EE7870[/youtube]

* NP Arquebisbat de Barcelona

Horaris

Dimecres, 18 de desembre

Aproximadament sobre les 11:00h. El difunt serà rebut a la Catedral de Barcelona pel Sr. Cardenal, els bisbes i el Capítol Catedral, amb la pregària litúrgica de tèrcia.

A les 11:00h. Capella ardent instal·lada al Cor de la Catedral fins a les 21:00h

Dijous, 19 de desembre

De 8:00h a 10:30h. Capella ardent instal·lada al Cor de la Catedral

A les 11:00h.Missa exequial, presidida pel Cardenal, Lluís Martínez Sistach.

Per indicació del Sr. Cardenal Arquebisbe de Barcelona, Dr. Lluís Martínez Sistach, us prego que tingueu en compte les indicacions següents per tal de poder concelebrar en la missa exequial pel repòs etern de l’Emm. i Rvdm. Sr. Cardenal Ricard Maria Carles i Gordó, Arquebisbe emèrit de Barcelona:

–   L’accés pels concelebrants serà per la porta principal de la Catedral.

–   El lloc per revestir-se serà a la Capella del Santíssim.

–   Caldrà dur l’alba pròpia i estola morada.

–   Un cop revestits, personal d’ordre us indicaran el lloc on seure.

–   Es prega arribar no més tard de les 10,30 hores.

 

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2 Comments

  • VALENCIA, 18 DIC. (AVAN) .- La misa exequial en Valencia, su ciudad natal, por el eterno descanso del cardenal arzobispo emérito de Barcelona Ricard María Carles, fallecido en la madrugada del martes, a los 87 años en Tortosa, tendrá lugar mañana, jueves, a partir de las 17 horas en la Catedral, presidida por el arzobispo, monseñor Carlos Osoro.

    A continuación, los restos mortales del purpurado valenciano recibirán sepultura en la Basílica de la Virgen de los Desamparados, conforme a su expresa voluntad, según han indicado a la agencia AVAN fuentes del Arzobispado.

    La misa en la Seo valentina dará comienzo tras la llegada de los restos mortales del cardenal procedentes de Barcelona, en cuya Catedral tendrá lugar el mismo jueves, a las 11 de la mañana otra misa exequial, presidida por el cardenal arzobispo Lluis Martínez Sistach.

  • paco cerdà | valencia 19.12.2013 | LEVANTE-EMV

    La sencillez y el trato afable de Ricard M. Carles impregnaron su paso por Tavernes de la Valldigna, Valencia, Tortosa y Barcelona Apasionado por el montañismo y primer purpurado bloguero, casi se desmayó al conocer su nombramiento como obispo

    Aunque el protocolo eclesiástico le reservaba el pomposo tratamiento de Su Eminencia, el cardenal Ricard Maria Carles era simplemente «don Ricardo» hasta para Juan Bautista, el veterano conserje e hijo del conserje anterior del Real Colegio Seminario del Patriarca de Valencia. Fue en aquel colegio donde Carles (Valencia, 1926) empezó su tardía andadura por la viña del Señor.

    Corrían los años cuarenta y él, que había pasado por la escuela de las Teresianas y el instituto de los jesuitas, era un joven estudiante de Derecho de la Universitat de València. Casi pared con pared se levantaba el ilustre seminario del Patriarca, donde solía ir a misa y a confesarse. En una de aquellas confesiones con don Eladio España, el rector carcaixentí del seminario, Ricard Maria Carles entró al confesionario como futuro abogado y salió como sacerdote in péctore. Allí vio la luz: dejaba Derecho y entraba de colegial al seminario. Nadie sabe qué perdió la abogacía o la judicatura con su conversión, pero sí lo que ganó la Iglesia con su ordenación en 1951: un hombre de grandes fidelidades que alcanzó el capelo cardenalicio y votó en la Sixtina durante el cónclave que eligió a Benedicto XVI.

    Un cura diferente. Su primera fidelidad fue con Tavernes de la Valldigna, pueblo de la Safor de 12.000 habitantes en aquel momento en el que pasó sus primeros catorce años como sacerdote, de 1953 a 1967. Allí se imbricó profundamente en la sociedad, hasta el punto de crear el club montañero Dios y Audacia que sería el embrión del actual centro excursionista local y dejó una profunda huella y una semilla que fructificó: uno de sus monaguillos del pueblo fue un tal Vicente Juan, que hoy es obispo de Ibiza.

    De Tavernes pasó a la parroquia de San Fernando Rey de Valencia. Sólo fueron dos años, pero sirvió para arremolinar allí a jóvenes universitarios como Vicente Navarro de Luján, actual directivo del la Universidad CEU-Cardenal Herrera. «Sus homilías eran muy interesantes, intelectualmente muy bien construidas», subraya Navarro de Luján, que aún recuerda aquel sábado por la mañana en que fue a visitarle a Barcelona a su palacio arzobispal y, tras llamar al timbre, se sorprendió al ver que era el propio arzobispo Carles quien le abría la puerta del palacio y le servía el café porque los fines de semana prescindía del personal de servicio. Por cierto: el vicario que en 1968 tuvo en la parroquia de San Fernando Rey de Valencia era un tal Joan Piris, actual obispo de Lleida que ayer, en conversación con este periódico, destacó «la honradez, la rectitud, la gran educación y el gran compromiso cristiano» que siempre admiró en Carles.

    Mareado ante la mitra. Aquella entereza mental que demostraba en las homilías de nada le sirvió a Ricard Maria Carles el día de 1969 en que Rafael González Moralejo, vicario capitular y arzobispo provisional de Valencia, fue a decirle que iban a nombrarlo obispo. Cerró el despacho con llave y, al decírselo, Carles se quedó tan pálido que Moralejo le hizo sentarse porque creía que se desmayaba.

    Pero Carles se resarció. Y Tortosa fue su primer destino con el báculo y la mitra. Como ya le ocurrió en Tavernes, en Tortosa pasó un destino larguísimo: de 1969 a 1990. Allí ejerció de pastor y también de gobernante en unos tiempos de mudanza para la Iglesia a raíz del Concilio Vaticano II y su espíritu reformista. Pero también ejerció de hombre apasionado por sus aficiones. Como ayer recordaba el actual obispo de Tortosa, el quatretondí Enrique Benavent, Carles «dedicaba un día a la semana a hacer senderismo por estas montañas». Fruto de su pasión alpinista cada verano viajaba a los Pirineos y con 82 años aún era capaz de subir una montaña de mil metros para rezar en voz alta y cantar al aire libre si se presentaba la ocasión, en el Monte Caro del Parque Natural dels Ports, en Tortosa, hay un refugio de montaña denominado «Refugio cardenal Carles».

    Pero a este coleccionista de fósiles y amante de los libros que también ha hecho teatro, que ha sido solista de coro y que en 2011 se convirtió en el primer cardenal bloguero en lengua española, le tocó subir la montaña más alta de su vida a partir de 1990 al ser nombrado arzobispo de Barcelona. Era una plaza grande. Y él la lidió a su manera.

    Nunca se caracterizó, ni mucho menos, por ser un aperturista como lo había sido su predecesor en el cargo, el purpurado catalán Narcís Jubany i Arnau. Se entienden así algunas declaraciones suyas contra el uso del preservativo (en 2003 afirmó que se engañaba a los jóvenes diciéndoles que el condón era un método seguro para evitar el sida, cuando a su juicio la posibilidad de un fallo era del 11% al 17%) o contra las bodas homosexuales (en 2005 instó a los funcionarios a oponerse a oficiar los enlaces gays porque «obedecer antes la ley que a la conciencia lleva a Auschwitz»). Ricard Maria Carles no fue ningún Rouco ni Cañizares en las formas y la beligerancia doctrinal, pero tampoco sobresalió por su aperturismo, más acentuado tal vez en estos últimos años. Al final, su salida de Barcelona en 2004 por motivos de edad estuvo marcada por la división de la archidiócesis en tres demarcaciones: la archidiócesis de Barcelona, el obispado de Terrassa i el de Sant Feliu de Llobregat. Desde el colectivo de laicos cristianos Esglèsia Plural criticaron ayer el «fuerte clima de división y crispación» que encarnó Carles en la Iglesia catalana al entender que impuso un modelo propio de Castilla que no tenía nada que ver con la realidad cultural y eclesiástica de Cataluña.

    Un cardenal en cónclave. Su ascenso en la jerarquía católica culminó al ser creado cardenal en 1994 por Juan Pablo II. El joven que estudiaba Derecho se convertía así en príncipe de la Iglesia. En 2005, ya como arzobispo emérito de Barcelona con Sistach como sustituto, Carles participó en el cónclave que eligió papa a Benedicto XVI. En este último cónclave ya había superado la edad máxima como cardenal elector y no pudo votar en la Sixtina. «Don Ricardo», afincado en Tortosa, ya estaba mayor. El cardenal montañero se preparaba para escalar su última cima, que ayer coronó.

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